MIRANDO A LA HABANA

Lunes, Mayo 23, 2016 - 21:45

Es imposible no mirar hacia la Habana para intentar adivinar lo que está pasando en la mesa de diálogo Gobierno - Farc, si no queremos alarmarnos por lo que nos ocurra en las próximas décadas. Tratar de ignorar los efectos de la firma del Acuerdo, es simplemente querer tapar el sol con la mano, que es la manera más efectiva de decirnos mentiras. Preocupa que los agoreros del desastre pregonen la impunidad y la entrega del Estado a la subversión, para ocultar sus verdaderas intenciones de negarle a los colombianos la oportunidad única e irrenunciable, de terminar con una guerra de más de cincuenta años.
Dos aspectos contribuyen, en mi concepto, a que la opinión sea escéptica sobre lo que viene de Cuba: la poca credibilidad de los actores principales y las veleidades de nuestros voceros. De una parte las Farc que, apenas ahora, pareciera que tuvieran la irrevocable decisión de ponerle punto final al conflicto y Santos, cuya acostumbrada escritura rupestre, es dudosa cuando de cumplir compromisos se trata. De otra parte, los voceros del Gobierno, cuyos antecedentes en materia de veleidades políticas, tampoco contribuyen a dar tranquilidad a la ciudadanía, que los oye pero no les cree. De la Calle y Roy barreras se han caracterizado por pasearse por diferentes partidos, sin sonrojo, parasitando en todos los gobiernos, que es la característica de quienes triunfan en política y tienen claro que el único partido al que hay que pertenecer es al partido de Gobierno, si se quiere vivir de la ubre presupuestal por décadas. En el Cauca hay claros ejemplos de eso que el vulgo llama, habilidad política, que no es más que oportunismo y falta de carácter.
Que quede claro, entonces, que los responsables de la desconfianza ciudadana son los mismos actores del proceso. De todas maneras, la paz es una necesidad, y es ahora o nunca. Los batracios que hay que tragarse, comenzando por algunos de los negociadores, son la cuota que debemos aportar para construir el futuro de las nuevas generaciones.
Creer o desear que los jefes de la insurrección pasen del monte a la cárcel es negar la realidad, e ignorar lo que ha pasado en procesos similares en otras latitudes. La laxitud de la justicia, en un proceso de esta naturaleza, no puede calificarse como la entronización de la impunidad, que ya de por si, es aplastante en el actual sistema judicial, sino como la posibilidad de recurrir a mecanismos no tradicionales de juzgamiento, penalización y reparación de las víctimas. La guerra en nuestro país, ha afectado prioritariamente a los sectores más vulnerables de nuestra población. La juventud que hemos perdido en el ejército, en la policía y en la guerrilla, ha sido la que no tuvo dinero para eludir el servicio militar o la que no tuvo opción diferente a enrolarse en la guerra para tratar de subsistir. Los campesinos de Colombia, afros, indígenas y mestizos, han llevado la peor parte en este conflicto, cuyo principal escenario ha sido el campo colombiano que alberga a la población más pobre del país. La paz es urgente para reconstruir el tejido social y desterrar la barbarie que perpetúa las injusticias.
La firma del acuerdo especial con las Farc, su inclusión en el bloque constitucional y su inscripción en los Organismos Internacionales, son la garantía y el blindaje que necesariamente debe tener, máxime si como lo afirmo y lo sabe la opinión, a nuestros políticos y gobernantes, además de hacerlos firmar en piedra, hay que comprometerlos con la comunidad internacional para que cumplan lo pactado. Todo el mundo conoce la capacidad y la frescura de nuestros dirigentes cuando de “poner conejo” se trata.
Finalmente, tiene razón el Director de Notivisión al afirmar que todo indica que la peor parte nos la llevaremos los caucanos, donde la guerra generó los muertos, y que la mejor parte se la llevará el Valle del Cauca, donde el posconflicto va a poner las obras. Eso no es nuevo, periodista Pito, ya desde épocas inmemoriales la metrópoli ha manejado los destinos regionales, contando con la complicidad de nuestros políticos. Averigüe por lo de la Salvajina y pregúntele a Iragorri, qué paso con la Ley Páez, cuando Tierradentro puso los muertos y lo políticos corrieron el rio, hasta el sur de Cali, para cobrar por ventanilla su habilidad para falsear la verdad y la geografía, y de paso, propiciar que los empresarios evadieran impuestos en cantidades alarmantes.
Los caucanos tenemos el mayor interés en la terminación del conflicto, pero debemos hacer causa común, para que el elitismo Santista no crea que es suficiente complacer dos familias, para que todos quedemos contentos y agradecidos con tanta benevolencia.